martes, 22 de enero de 2008

Muerte y libertad


Miedo de afrontar la derrota, miedo que recorre mi alma… pero ese mismo miedo es el que me provoca ira, el que me desespera, el que me incita a la lucha para reencontrar la paz: la libertad de mi pueblo.

Y una rabia interior evade la cobardía, mis temores se desvanecen en una nube confusa de odio y nostalgia.

Sombras oscuras acechan sobre mi lecho de muerte. No tengo nada que ver con ellas, no quiero marchar… he venido a luchar.

Pero la fría bala ha penetrado ya en mi cuerpo, perturba todos mis sentidos y no puedo más que caer…

Un segundo antes de exhalar el último suspiro… con un hilo de voz tenue, casi inexistente y en un intento desesperado por resurgir de las tinieblas, nace de mis labios una última expresión… LIBERTAD.

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Una imagen vale más que mil palabras, pero las imágenes a veces inspiran para expresar con palabras la rabia y la impotencia de las muertes injustas. Nadie es bueno ni malo en una guerra... al final, de una manera u otra, todos acaban siendo víctimas...

domingo, 13 de enero de 2008

Palabras prohibidas


Me ahogo en palabras prohibidas, me hierven… pero no pueden salir de mí.

En un intento desesperado por resurgir titubean y un hilo de voz tenue casi las alcanza para atraerlas a la vida… Pero la realidad invade todo mi ser y me recuerda que son otras las palabras que se deben apoderar de mis labios.

Me arrebatan el último halo de esperanza por pronunciar la verdad: el anhelo de aquellos días en que todo era vida… Las usurpadoras vencen otra vez y se convierten en el fin de mi existencia, pues las voces de mi interior mueren con ellas.

Urdidas para ser vetadas, incluso creyéndose extinguidas, siguen siendo la esencia oculta de la vida desabrida que esperan mis días.

Entumecidas mis palabras, se llenan poco a poco de la quimera aprendida, reproduciendo el nuevo saber como el real… Mentiras cultivadas por el juicio desafiante de la vida de los demás.

Ruidos son, y no palabras. Pues estas requieren del conocimiento del saber amar, si no, no son más que engaños disfrazados de mensajes sin sentido.

Odio, odio, odio… Todo lo que debo expresar está fuera de mi realidad, del alcance de mi verdad… Mas son palabras prohibidas que no debo pronunciar, y en mis labios sellados desvanecerán.

Sueños en los que ellas tienen libertad vienen a mi lecho cada madrugada. Me despiertan al alba, engañadas por la fantasía que retoza en mi instinto… Pobres desafortunadas, que arrepentidas están de sentir…

Implacable silencio el que luego se esboza es el que me hace recordar que la vida poco importa ya.

Nostalgia y melancolía acompañan mi desierto, mientras las luces del recuerdo alumbran la penumbra que hoy invade a este pobre espíritu.

Temores de no volver a ser...

Irremediable destino que preparas un pasaje y un desdichado equipaje, permíteme exhalar un último suspiro para poder desenterrar estas palabras prohibidas... y no mueran al sucumbir la triste agonía.

PD.: a veces duele recordar... pero de errores se aprende

jueves, 20 de diciembre de 2007

Tiempo


Tiempo para despertar

Tiempo para bostezar

Tiempo para vestirte

Tiempo para maldecir la mañana

Tiempo para abrir la puerta y dejar atrás tu sueño, tu desaliento… tiempo para sonreír falsamente ante las caras conocidas de un lugar odioso, de un lugar obligado a habitar.

Tiempo para desear que pasen las lentas y pesadas horas. Tiempo para escuchar gritos, para ver personajes aburridos, para que tu particular infierno te absorba.

Agotar tus palabras sin sentido, tus esfuerzos en balde… añorar las caricias, los besos, y desear que las lentas y pesadas horas sucumban todas juntas y dar paso a la nada.

Curioso que el tiempo, lo que tanto ansiamos poseer, sea el mismo que nos arrebata nuestro tiempo. Somos esclavos de unas manecillas que ruedan a su antojo, de un grano de arena que no quiere caer, de un dígito que decide agotar su energía y anclarse en el último segundo.

Perdemos la noción de tiempo cuando lo que más deseamos es que se detenga, pero todo se congela cuando queremos que pase veloz. Maldito seas…

Parece estar todo coordinado, todo estudiado y más que pactado. El tiempo que debemos reír y el tiempo que debemos sufrir.

Tiempo para abrir la puerta y adentrar el cansancio, la cobardía, la ira acumulada… tiempo para no dirigir una palabra a la persona que tienes al lado en un lugar amable, en un lugar elegido para vivir

Tiempo para agradecer la noche

Tiempo para desvestirte

Tiempo para bostezar

Tiempo para dormir

Sólo un beso


… y ella pensó en no dejar hablar más a esos labios, pues sus palabras se desvanecían en el aire y no podía permitir tal sacrilegio. Con un dulce beso absorbió todo su saber, y todas las palabras del mundo se unieron a su ser.

No fue un beso de despedida, como algunos mirones pudieron advertir, sino de bienvenida; pues justo en ese instante el cielo se unió a la tierra y el tiempo se detuvo para saborear el feliz encuentro. La noche, que majestuosa observaba desde el cielo a los dos tortolitos, perdió su antifaz y no pudo dormir pensando en cuán suerte corrían aquel par de enamorados.

De regreso a casa, ella y su incesante estado de nervios, devoraba cada milímetro, cada milésima parte de aquel recuerdo. ¿Había sucedido en realidad? ¿O sólo en su perturbada y desconcertada mente? Fuera como fuere, su mirada se perdía ventana a través, y una sonrisa se dibujaba y desdibujaba (por el fuerte empeño en disimular) durante todo el viaje en tren.

Aún reservaba impregnado su sabor, su olor, su imagen… múltiples sensaciones indescriptibles, conocidas y tan desconocidas a la vez… Sus oídos sólo escuchaban las palabras nacidas de los labios que, fortuitamente, acababa de besar.

Encontró en el bolso las llaves de su hogar, dónde podría seguir alimentando su imaginación… sólo que en este caso era real.