
Me ahogo en palabras prohibidas, me hierven… pero no pueden salir de mí.
En un intento desesperado por resurgir titubean y un hilo de voz tenue casi las alcanza para atraerlas a la vida… Pero la realidad invade todo mi ser y me recuerda que son otras las palabras que se deben apoderar de mis labios.
Me arrebatan el último halo de esperanza por pronunciar la verdad: el anhelo de aquellos días en que todo era vida… Las usurpadoras vencen otra vez y se convierten en el fin de mi existencia, pues las voces de mi interior mueren con ellas.
Urdidas para ser vetadas, incluso creyéndose extinguidas, siguen siendo la esencia oculta de la vida desabrida que esperan mis días.
Entumecidas mis palabras, se llenan poco a poco de la quimera aprendida, reproduciendo el nuevo saber como el real… Mentiras cultivadas por el juicio desafiante de la vida de los demás.
Ruidos son, y no palabras. Pues estas requieren del conocimiento del saber amar, si no, no son más que engaños disfrazados de mensajes sin sentido.
Odio, odio, odio… Todo lo que debo expresar está fuera de mi realidad, del alcance de mi verdad… Mas son palabras prohibidas que no debo pronunciar, y en mis labios sellados desvanecerán.
Sueños en los que ellas tienen libertad vienen a mi lecho cada madrugada. Me despiertan al alba, engañadas por la fantasía que retoza en mi instinto… Pobres desafortunadas, que arrepentidas están de sentir…
Implacable silencio el que luego se esboza es el que me hace recordar que la vida poco importa ya.
Nostalgia y melancolía acompañan mi desierto, mientras las luces del recuerdo alumbran la penumbra que hoy invade a este pobre espíritu.
Temores de no volver a ser...
Irremediable destino que preparas un pasaje y un desdichado equipaje, permíteme exhalar un último suspiro para poder desenterrar estas palabras prohibidas... y no mueran al sucumbir la triste agonía.
PD.: a veces duele recordar... pero de errores se aprende